La Revolución Verde del Norte
El proyecto pionero de cannabis medicinal que convierte a Jujuy en el laboratorio sudamericano de una nueva era farmacéutica
Vista aérea de los cultivos de cannabis medicinal en Finca El Pongo, Jujuy, donde 35 hectáreas de plantaciones bajo cielo abierto representan la superficie más importante de Latinoamérica destinada a este cultivo con fines terapéuticos.
La Plantación que Cambió Todo
La mañana jujeña despunta con una claridad que corta el aire como un bisturí. En Finca El Pongo, a pocos kilómetros de la capital provincial, el sol ilumina hileras perfectamente alineadas de plantas que, hasta hace pocos años, habrían significado la prisión para cualquier agricultor argentino. Hoy son la punta de lanza de una revolución silenciosa que está transformando no solo la economía de Jujuy, sino redefiniendo el mapa farmacéutico de América Latina.
Las 35 hectáreas de cannabis medicinal que se extienden bajo el cielo jujeño constituyen la superficie más importante de Latinoamérica destinada a este cultivo, un dato que cobra dimensión cuando se comprende que cada planta aquí cultivada pasa por controles más rigurosos que cualquier medicamento tradicional. Con una inversión pública de más de 20 millones de dólares, la empresa estatal Cannava cuenta con los sistemas tecnológicos de cultivo, procesamiento y elaboración farmacéutica más avanzados del país.
No es casualidad que esta transformación haya ocurrido aquí. Los valles templados de Jujuy ofrecen condiciones climáticas excepcionales: alturas que oscilan entre los 1.200 y 2.000 metros sobre el nivel del mar, temperaturas estables y una luminosidad privilegiada que permite hasta cuatro ciclos de cosecha anuales. Lo que antes era una limitación geográfica para cultivos tradicionales se convirtió en ventaja comparativa para el cannabis medicinal.
El Arquitecto de una Transformación
La historia de esta revolución tiene nombre y apellido: Gerardo Morales, el exgobernador radical que decidió convertir una provincia tradicionalmente marginal en pionera continental. En 2018, cuando Morales presentó por primera vez el proyecto en Barcelona ante expertos internacionales, muchos lo consideraron una apuesta temeraria. Hoy, Cannava mantiene reuniones comerciales con una decena de empresas suizas y alemanas, entre las que hay productores e incluso distribuidores farmacéuticos.
La decisión no fue impulsiva. En 2017, Argentina sancionó la Ley 27.350 que establecía el marco legal para el uso medicinal del cannabis, pero Jujuy fue la primera provincia en materializar esa oportunidad legislativa en un proyecto industrial concreto. El Ministerio de Seguridad de la Nación firmó la habilitación del primer centro para elaborar cannabis medicinal en la Argentina, que funcionaría precisamente en territorio jujeño.
El proyecto tuvo desde sus inicios una característica distintiva: ser 100% estatal. Mientras otras jurisdicciones optaban por modelos mixtos o de participación privada mayoritaria, Jujuy apostó por una empresa pública, Cannava, creada para producir derivados medicinales de cannabis a través de un proceso 100% jujeño de industria argentina. Esta decisión, que inicialmente generó críticas por su costo fiscal, demostró ser estratégicamente acertada al garantizar control total sobre la calidad y trazabilidad del producto.
La Ciencia Detrás del Milagro
En el corazón de Finca El Pongo se alza un complejo que parece extraído de un filme futurista. Nueve invernaderos construidos con tecnología israelí albergan las plantas madre y los cultivos experimentales, mientras que los laboratorios de extracción procesan la materia prima con estándares farmacéuticos internacionales. La planta farmacéutica industrial tiene capacidad para procesar hasta 20 kg de inflorescencias por hora, una capacidad que posiciona a Jujuy no solo como líder regional sino como competidor global.
El producto estrella es el aceite CBD-10, que desde diciembre de 2021 se comercializa en todas las farmacias de la provincia. Este derivado, con una concentración del 10% de cannabidiol, se utiliza principalmente para el tratamiento de epilepsia refractaria, pero también se emplea hoy para tratar dolores crónicos, ansiedad, mejorar la calidad del sueño, síndromes gastrointestinales, coadyuvar en tratamientos oncológicos y tratamientos odontológicos.
La investigación científica es el pilar invisible pero fundamental del proyecto. Cannava promueve y participa de distintos proyectos de investigación que buscan avanzar en la exploración del redescubrimiento de la potencia científica y medicinal de la planta de cannabis y sus derivados en su interacción con el sistema endocannabinoide. La colaboración con universidades y centros de investigación como CONICET, la Universidad Austral y el Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional ha permitido desarrollar protocolos de investigación únicos en América Latina.
Un hito reciente ha sido la creación del primer producto farmacéutico argentino con THC. Esta primera formulación contiene 2,5% de CBD y 2,7% de THC, destinada a la investigación para dolor oncológico junto a la Universidad Austral, CONICET, el Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional. Es el primer paso hacia terapias más complejas que podrían revolucionar el tratamiento de enfermedades crónicas.
Una Nueva Matriz Productiva
Los números hablan por sí solos. El proyecto emplea actualmente a 145 trabajadores directos, número que en cosecha crece, absorbiendo mano de obra local. Pero la proyección es exponencialmente mayor: la intención es elevar la plantación a 2.000 hectáreas, a las que se asocian 8.000 puestos de trabajo directos.
Esta transformación productiva no es meramente cuantitativa; representa un cambio cualitativo en el modelo económico provincial. Se busca el desarrollo de una nueva economía regional que corte un poco con la clásica y tradicional historia económica de Jujuy, siempre atada a la producción primaria con tabaco y caña de azúcar, desde hace 80 años, dos industrias que están en franco retroceso.
La innovación más reciente ha sido el lanzamiento de un sistema de franquicias biotecnológicas. El parque de incubación de más de 70 hectáreas será un campus productivo moderno, insertado dentro del complejo de biotecnología que la sociedad estatal ha levantado en finca El Pongo. El diseño contempla 66 unidades productivas, cada una consistente en un invernadero altamente tecnificado y automatizado, de 2.500 metros cuadrados, con capacidad para producir cerca de 2.000 plantas por ciclo, en 3 o 4 ciclos anuales.
El impacto económico proyectado es significativo: cada unidad productiva empleará entre 7 y 10 trabajadores directos, creando cerca de 400 nuevos puestos de trabajo directos y estables, con una capacidad de facturación anual de 20 millones de dólares anuales.
Tensiones en el Paraíso Verde
Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas en esta revolución cannábica. El proyecto ha enfrentado críticas y controversias desde sus inicios. Una de las principales tensiones surge del hecho de que Gastón Morales, hijo del exgobernador Gerardo Morales, esté a cargo del primer centro nacional destinado a cosechar y estudiar el cannabis. Esta designación generó cuestionamientos sobre posibles conflictos de interés y nepotismo político.
La oposición provincial no tardó en hacer oír su voz. La diputada provincial del PJ, Alejandra Cejas, presentó una demanda contra el estado provincial por la empresa de cultivo de marihuana que maneja el hijo del Gobernador Morales, alegando irregularidades en el proceso de adjudicación y gestión de la empresa estatal.
Otra fuente de controversia ha sido la aparente contradicción entre la producción estatal y la persecución de cultivadores individuales. Un estudiante de Ingeniería de la UNJu que producía y regalaba aceite de cannabis medicinal para ayudar a personas enfermas fue procesado, mientras el gobierno tiene cultivos de marihuana en la finca «El Pongo» para hacer negocios. Este caso ilustra las tensiones entre el monopolio estatal de producción y los derechos individuales de acceso a la medicina.
El modelo de control estatal también genera debates sobre accesibilidad. Aunque la provincia produce aceite de cannabis, su precio y disponibilidad limitada a farmacias de Jujuy inicialmente restringieron el acceso para pacientes de otras provincias. La democratización del acceso sigue siendo un desafío pendiente.
Las preocupaciones ambientales y de sostenibilidad también comienzan a surgir. La expansión proyectada de 35 a 600 hectáreas, y eventualmente a 2.000, plantea interrogantes sobre el impacto en los recursos hídricos locales y la biodiversidad de los valles templados jujeños. ¿Puede una provincia pequeña sostener un monocultivo de tal magnitud sin consecuencias ecológicas?
El Contexto Latinoamericano de una Revolución
La experiencia jujeña no ocurre en el vacío. América Latina vive una ola de flexibilización cannábica sin precedentes. Uruguay legalizó el consumo de marihuana a nivel nacional en 2013, convirtiéndose en el primer país del mundo en hacerlo. México es el segundo país de América Latina en aprobar el uso recreativo, mientras que varios países de la región han aprobado la marihuana para uso medicinal.
En Argentina, el marco legal ha evolucionado constantemente. En noviembre de 2020, se publicó el Decreto 883/2020 que establece una nueva reglamentación para la ley de uso medicinal de cannabis que «facilita e impulsa la investigación científica» y «se autoriza, previa inscripción en el nuevo Registro del Programa de Cannabis (Reprocann) el acceso al aceite de cannabis a través del autocultivo».
Más recientemente, la Ley 27.669 estableció el marco regulatorio para el desarrollo de la industria del cannabis medicinal y el cáñamo industrial, creando las bases para una industria nacional que trasciende las fronteras provinciales.
Proyecciones: ¿El Futuro es Verde?
Los números proyectados para la industria cannábica argentina son ambiciosos. El potencial económico para el desarrollo de la actividad del cannabis medicinal y el cáñamo industrial para el año 2025 se proyecta en 10.000 nuevos empleos, 500 millones de dólares en ventas al mercado interno anuales y 50 millones de dólares de exportación anuales.
Jujuy aspira a capturar una parte significativa de este mercado. Las exportaciones de productos terminados en forma de ingredientes farmacéuticos activos vegetal, líquido, sólido y semi sólido, elaborados íntegramente en el Complejo de Biotecnología, serán la clave de una nueva etapa en la que Cannava se posiciona como actor de peso global.
El interés internacional es palpable. El gobernador Morales se reunió en España con responsables de empresas asociadas a la producción de cannabis con fines medicinales, para interesarlos en fabricar y exportar desde la provincia a Europa ingredientes farmacéuticos activos. La estrategia incluye el uso de zonas francas provinciales para facilitar la exportación.
El Laboratorio del Mañana
Hoy, mientras el sol se pone sobre los valles jujeños, las plantas de cannabis medicinal de Finca El Pongo siguen creciendo en silencio. Cada brote representa no solo un potencial terapéutico para pacientes con epilepsia refractaria o dolor crónico, sino también la materialización de una apuesta política y económica audaz.
Con una capacidad productiva anual de 80 toneladas de inflorescencias medicinales y cerca de 4.000 kg de ingredientes farmacéuticos activos, Cannava se posiciona como la líder regional en la elaboración de cannabis medicinal de grado pharma. Estos números no son solo estadísticas; representan miles de tratamientos potenciales, cientos de empleos directos e indirectos, y millones de dólares en ingresos provinciales.
La pregunta que flota en el aire jujeño es si esta experiencia puede replicarse y escalarse. ¿Puede una provincia tradicionalmente postergada convertirse en el principal polo latinoamericano de cannabis medicinal? Las señales son prometedoras: los gobiernos de Corrientes, San Juan, y otras provincias han mostrado interés en desarrollar proyectos similares, lo que sugiere que el modelo jujeño podría expandirse nacionalmente.
Pero también existen riesgos. La dependencia excesiva de un solo cultivo, aunque sea prometedor, podría recrear los problemas de monocultivo que históricamente afectaron a la provincia con el tabaco y la caña de azúcar. La sostenibilidad ambiental de una expansión masiva requiere estudios más profundos. Y las tensiones políticas en torno al control estatal versus los derechos individuales siguen sin resolverse completamente.
Lo que es innegable es que Jujuy ha logrado algo extraordinario: convertir una planta históricamente demonizada en el motor de una transformación económica y científica. En los laboratorios de Finca El Pongo no solo se procesa cannabis; se destila el futuro de una provincia que decidió apostar por la ciencia, la innovación y el coraje político para escribir una nueva página en su historia.
La revolución verde del norte argentino apenas comienza. Y el mundo está observando.
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