Como un altar donde el tiempo se detiene, la parrilla argentina vuelve a brillar entre los diez mejores restaurantes del planeta. En una noche de junio en Turin, Don Julio escribió una vez más su nombre en la historia gastronómica mundial.
En el corazón de Turin, mientras las luces del Lingotto Fiere se encendían como estrellas en una noche de celebración culinaria, el mundo de la gastronomía se congregaba para presenciar el ritual anual más esperado: la revelación de The World’s 50 Best Restaurants 2025. Entre los susurros de anticipación y el tintineo de copas de champagne, una verdad emergía como el humo perfumado de las brasas argentinas: Don Julio ocupaba nuevamente el puesto número 10, consolidándose por segundo año consecutivo entre los diez mejores restaurantes del mundo.
La noticia viajó desde Italia hasta Buenos Aires con la velocidad del viento pampero, llevando consigo el orgullo de una nación que entiende la cocina como un lenguaje universal, donde cada corte de carne cuenta una historia milenaria de tradición, pasión y excelencia. En una época donde las fronteras gastronómicas se difuminan y las fusiones culinarias redefinen el paladar global, Don Julio permanece como el único restaurante argentino en ingresar al ranking, una antorcha solitaria pero brillante que ilumina el camino de la gastronomía albiceleste.
El Nuevo Emperador de Lima
La noche turinesa también coronó a un nuevo rey: Maido, el templo de la cocina Nikkei en Lima, ascendió al primer puesto, destronando al español Disfrutar de Barcelona. La victoria peruana no fue casualidad sino el resultado de años de refinamiento culinario bajo la batuta de Mitsuharu ‘Micha’ Tsumura, quien desde hace más de 15 años ha permanecido fiel a su filosofía fundacional: mostrar los mejores ingredientes locales, adaptados a las estaciones, en un menú degustación que se extiende a lo largo de más de diez tiempos.
La cocina Nikkei de Maido representa algo más profundo que una simple fusión: es el encuentro de dos almas culinarias, la precisión nipona y la exuberancia peruana, unidas en una danza gastronómica que habla de migraciones, de historias familiares que cruzan océanos, de tradiciones que se transforman sin perder su esencia. Los ancestros de Micha llegaron a Perú desde Japón en 1889, y esa herencia familiar se traduce hoy en platos que combinan técnicas japonesas meticulosas con ingredientes vibrantes de la biodiversidad peruana.
El ascenso de Maido al número uno no es solo una victoria personal sino un símbolo del momento dorado que vive la gastronomía latinoamericana. Lima se ha consolidado como la capital gastronómica de América del Sur, y Perú puede presumir de tener tanto al mejor restaurante del mundo como, hasta el año pasado, el mejor de Latinoamérica. Es una demostración de cómo la cocina puede ser un vehículo de identidad nacional, un soft power que trasciende fronteras y prejuicios.
La Saga de Pablo Rivero: Del Sueño Juvenil a la Gloria Mundial
La historia de Don Julio es, en esencia, la historia de Pablo Rivero, un joven de poco más de veinte años que en 1999 decidió apostar por un sueño en una esquina de Palermo. Rivero abrió Don Julio cuando estaba en sus primeros años de la veintena, transformando lo que comenzó como una parrilla de barrio en lo que hoy es reconocido como uno de los templos gastronómicos del planeta.
La filosofía de Rivero no nació de la academia sino de la sangre y la tierra. El sommelier, hijo y nieto de productores ganaderos establecidos de Rosario, entiende la carne no como un simple ingrediente sino como un legado cultural que debe ser honrado. Su abuela fue carnicera, sus padres ganaderos, y esa herencia familiar se traduce en cada corte que sale de la parrilla de Don Julio. Una genealogía que explica la devoción casi religiosa con la que se trata cada pieza de carne en Don Julio. No es casualidad que el restaurante haya alcanzado la excelencia gracias a su exclusivo proceso mixto de maduración, a la selección de los animales (razas Hereford y Angus), a su concepto de sustentabilidad y de Ganadería Regenerativa.
La evolución de Rivero como sommelier también marcó un hito en la historia del restaurante. Rivero se formó como sommelier y estuvo entre la primera generación en graduarse de la Escuela Argentina de Vinos en 2006. Su expertise le valió reconocimientos internacionales: Rivero es el ganador del Beronia World’s Best Sommelier Award 2024 para The World’s 50 Best Restaurants, un título que corona años de dedicación a la cultura vitivinícola argentina.
El Templo de la Carne: Filosofía y Técnica
Ingresar a Don Julio es sumergirse en un universo donde cada detalle ha sido pensado para rendir homenaje a la tradición parrillera argentina. La filosofía es la de una clásica parrilla, aunque evolucionada y con tintes gastronómicos. Presentan un mostrador de cortes que es un espectáculo, una parrilla en forma de «V» para que la grasa no caiga sobre las brasas produciendo humo, carbón de quebracho blanco que no altera los sabores.
La selección de la materia prima es obsesiva y meticulosa. Don Julio solo usa ganado Aberdeen Angus y Hereford alimentado con pasto para los mejores cortes y increíble charcutería artesanal. Cada animal es elegido con el cuidado de un curador de arte: ganado criado de forma tradicional, alimentado libremente con pasturas naturales, propias de la Pampa Húmeda. Todos nuestros cortes son exclusivamente novillos de las razas Aberdeen Angus y Hereford, de alrededor de 3 años entre los 500 a 520 kilos en pie.
El proceso de maduración es un ritual en sí mismo. Toda la carne de Don Julio proviene de ganado alimentado con pasto, criado en el campo a las afueras de Buenos Aires. Se almacena en un refrigerador con clima controlado durante al menos 21 días para alcanzar la madurez óptima. Luego, pasa a las manos expertas de Guido Tassi, el especialista en charcutería que dirige la cocina.
La sostenibilidad no es una tendencia sino una convicción profunda. Todas las verduras utilizadas en Don Julio se cultivan orgánicamente en sus propios campos. Rivero trabaja junto al chef ejecutivo Guido Tassi para diseñar el menú ‘alrededor de la semilla’, enfocándose en la disponibilidad estacional y los cultivos locales.
El Santuario del Vino: 14,000 Historias en Botellas
Pero Don Julio es mucho más que carne; es un templo del vino argentino. La bodega del restaurante alberga más de 14,000 etiquetas argentinas, una colección que representa no solo la diversidad vitivinícola del país sino también la pasión desmedida de Rivero por mostrar al mundo la grandeza de los vinos nacionales.
La tradición que define el alma de Don Julio nació de la generosidad y la hospitalidad argentina. Rivero inició una tradición que llegaría a definir el restaurante: cada vez que los comensales ordenan una botella especial de la bodega de Don Julio, se les pide que escriban un mensaje en la botella antes de que se una a cientos de otras que adornan las paredes del comedor.
Para mostrar la magnífica colección, las paredes interiores del edificio del siglo XIX están forradas con botellas vacías, convirtiendo el espacio rústico en un santuario del vino acogedor. Los comensales pueden dejar su marca personal firmando y escribiendo mensajes en las etiquetas. Estas paredes cuentan historias: declaraciones de amor, celebraciones familiares, despedidas emotivas, primeras citas que se convirtieron en matrimonios. Cada botella es un fragmento de vida, un testimonio de que la buena mesa une a las personas de maneras que trascienden el simple acto de comer.
El Menú: Una Sinfonía de Sabores Argentinos
La carta de Don Julio es un compendio de la cultura gastronómica argentina, donde cada plato cuenta una historia del campo a la mesa. El restaurante usa casi todas las partes de la vaca en su menú a la carta, que presenta platos como morcilla y mollejas de novillo.
Las recomendaciones del propio Rivero revelan su conocimiento íntimo de cada corte. Rivero recomienda ordenar cortes de la casa como bife de cuadril y entraña. Para los iniciados, sugiere comenzar con las empanadas de maíz amarillo, calabaza y queso, junto con una selección de charcutería artesanal que incluye chorizo, morcilla y salchicha parrillera en espiral.
Los precios reflejan la calidad excepcional y la experiencia completa que ofrece Don Julio. Según los datos más recientes, el ojo de bife cuesta $62.900 pesos, mientras que un vacío del fino alcanza los $61.200. Una comida para dos personas, contemplando entrada, plato principal, un vino y postre, puede rondar los $210.000 pesos argentinos, lo que equivale aproximadamente a 120 dólares por persona.
Entre las entradas más populares se encuentran la selección de quesos artesanales argentinos, las empanadas de carne cortada a cuchillo, y la provoleta estacionada. Las guarniciones incluyen desde papas fritas hasta productos que cambian con la estación: alcauciles, espárragos trigueros y boniatos, todos a la parrilla.
El Ritual de la Reserva: Una Odisea Gastronómica
Conseguir una mesa en Don Julio se ha convertido en una aventura en sí misma, un peregrinaje gastronómico que pone a prueba la paciencia y la determinación de los comensales. Don Julio tiende a estar reservado con meses de anticipación, especialmente para la cena. La realidad es aún más desafiante: para cenar, el sitio web no muestra disponibilidad hasta marzo del año siguiente.
Sin embargo, existe una puerta trasera para los aventureros culinarios. Don Julio mantiene una cantidad de mesas reservadas para visitantes sin cita previa. Cada día, a las 18:00 en punto, se abre la lista de espera de Don Julio. Esta es una oportunidad para cualquiera que no haya tenido la previsión de hacer una reserva con muchos meses de anticipación.
La experiencia de esperar en la fila se ha convertido en parte del ritual de Don Julio. Se recomienda llegar alrededor de las 17:30/17:45 para comenzar a hacer cola para la lista de espera. Los primeros en la cola obtienen las mesas más deseables, mientras que los últimos reciben lo que queda disponible, si es que queda algo.
El restaurante muestra su hospitalidad argentina incluso durante la espera. Un camarero amistoso, quizás notando el calor, nos trajo una botella de agua a cada uno. La cortesía no termina ahí: nos dieron champagne mientras esperábamos, un gesto que convierte la espera en parte de la experiencia gastronómica.
El Contexto Latinoamericano: Una Revolución Gastronómica
El éxito de Don Julio debe entenderse dentro del contexto más amplio de la revolución gastronómica que vive América Latina. El continente ha emergido como una potencia culinaria global, desafiando las tradicionales hegemonías gastronómicas europeas y asiáticas. Buenos Aires mantiene su fuerte posición en la escena gastronómica latinoamericana con ocho restaurantes en la lista 1-50, seguida de cerca por Lima y São Paulo, cada una con siete restaurantes.
La dominación peruana en la alta gastronomía mundial es particularmente notable. Maido se ubica seguido en el ranking por Asador Etxebarri (No.2) en Atxondo, España y Quintonil (No.3) en Ciudad de México. Este podio multinacional refleja la diversidad culinaria que caracteriza la gastronomía contemporánea, donde las fronteras tradicionales se difuminan en favor de la excelencia y la innovación.
La presencia argentina en los rankings internacionales va más allá de Don Julio. En los Latin America’s 50 Best Restaurants, Argentina ha demostrado una consistencia notable, con Buenos Aires emergiendo como una capital gastronómica continental. Don Julio fue nombrado Best Restaurant in Latin America 2024 en noviembre pasado, reclamando el primer puesto por primera vez desde 2020.
Esta revolución gastronómica latinoamericana representa algo más profundo que el simple reconocimiento culinario. Es una afirmación de identidad cultural, una demostración de que la excelencia puede florecer en cualquier latitude cuando se combinan tradición, pasión y respeto por los ingredientes locales. Los chefs latinoamericanos no están simplemente copiando técnicas europeas o asiáticas; están creando nuevos lenguajes culinarios que hablan de sus propias historias, geografías y culturas.
El Legado de una Nación Carnívora
Argentina ha construido su identidad gastronómica alrededor de la carne, y Don Julio representa la evolución más sofisticada de esa tradición ancestral. La parrilla argentina no es simplemente una técnica de cocción; es un ritual social, un momento de comunión que conecta a las personas con la tierra, con la tradición y entre sí.
Pocos hay que no hayan oído hablar del restaurante Don Julio y de Pablo Rivero, el chef-propietario al frente de una de las mejores parrillas del planeta. Esta fama no es accidental sino el resultado de décadas de perfeccionamiento, de un entendimiento profundo de que la excelencia culinaria no reside solo en la técnica sino en el respeto por la tradición y la materia prima.
La filosofía de Don Julio trasciende lo gastronómico para convertirse en una declaración de principios sobre la sostenibilidad y la responsabilidad ambiental. El restaurante familiar ha verdaderamente elevado el listón a través de su compromiso con la ganadería regenerativa argentina, una bodega que abraza la historia del vino argentino y una dedicación incomparable a la agricultura orgánica.
Durante la pandemia, cuando el mundo se detuvo y los restaurantes enfrentaron su mayor desafío, Don Julio demostró su compromiso con la comunidad. Durante la pandemia, Rivero y el chef ejecutivo Guido Tassi abrieron La Carnicería de Don Julio, permitiendo a los comensales disfrutar de las famosas habilidades de carnicería del dúo en casa. Además, la parrilla recientemente también apadrinó una pequeña plaza, dándole una nueva vida como un jardín urbano biodinámico cuyas verduras se donan a comedores comunitarios locales.
Los Guardianes del Fuego
Detrás de cada gran restaurante hay un equipo de profesionales que entienden que la excelencia es un trabajo colectivo. En Don Julio, este equipo está liderado por dos figuras fundamentales: Pablo Rivero y Guido Tassi. Rivero se formó como sommelier y trabajó junto a familia y amigos para abrir la parrilla hace más de 25 años en una esquina del barrio de Palermo.
Rivero mismo fue votado como el Latin America’s Best Sommelier en 2022 antes de recibir el mismo honor a nivel global en 2024, otorgándole el estatus de realeza del vino. Este reconocimiento no es solo personal sino una validación de la profundidad y seriedad con la que Don Julio aborda todos los aspectos de la experiencia gastronómica.
El impacto de Don Julio va más allá de los reconocimientos individuales. Don Julio es un emprendimiento que sostiene a más de 100 familias, un ecosistema completo que incluye desde los productores de carne hasta los sommeliers, desde los parrilleros hasta los camareros. Es una demostración de cómo un restaurante puede convertirse en un motor económico y cultural para toda una comunidad.
El Arte de la Hospitalidad Argentina
La experiencia en Don Julio trasciende lo culinario para convertirse en una inmersión en la hospitalidad argentina, esa calidez única que transforma una comida en un recuerdo imborrable. El propietario y sommelier Pablo Rivero asegura que el restaurante también conserve un ambiente casual, invitando a los comensales a escribir mensajes amorosos en botellas vacías que luego se unen al muro de la fama del vino.
Los reconocimientos internacionales han validado esta aproximación única a la hospitalidad. Don Julio también se llevó el Art of Hospitality Award en 2018, un premio que reconoce no solo la calidad de la comida sino la calidez del servicio y la capacidad de crear experiencias memorables.
La filosofía de Don Julio sobre la hospitalidad se refleja en cada detalle: desde el champagne de bienvenida para los que esperan, hasta la posibilidad de escribir mensajes en las botellas de vino, cada gesto está diseñado para hacer sentir a los comensales como invitados especiales en la casa de un amigo querido.
Un Futuro Escrito en Brasas
Mientras el mundo gastronómico evoluciona hacia tendencias cada vez más complejas y técnicas cada vez más sofisticadas, Don Julio representa algo diferente: la belleza de la simplicidad bien ejecutada, el poder de la tradición cuando se abraza con pasión y respeto. Don Julio es un trabajo de amor familiar, un homenaje a los sabores y terroirs de Argentina, un templo de la agricultura regenerativa.
El reconocimiento internacional de Don Julio como uno de los diez mejores restaurantes del mundo por segundo año consecutivo no es solo un triunfo personal para Rivero y su equipo; es una validación de que la cocina argentina tiene un lugar legítimo en la alta gastronomía mundial. Es la confirmación de que no hace falta complicar para brillar, que la excelencia puede encontrarse en la perfección de lo fundamental.
En un mundo donde la globalización amenaza con homogeneizar las tradiciones culinarias, Don Julio se alza como un faro de autenticidad. Aquí, en esta esquina de Palermo, entre el humo de las brasas y el tintineo de las copas de Malbec, se preserva algo esencial de la identidad argentina: la creencia de que compartir una buena mesa es uno de los placeres más profundos de la vida.
El Fuego Eterno
Cuando las luces de Turin se apagaron y los aplausos se desvanecieron, cuando los chefs regresaron a sus cocinas y los críticos a sus mesas de trabajo, algo permanecía inmutable: el fuego de Don Julio siguió ardiendo en esa esquina de Buenos Aires, como ha ardido durante veinticinco años, como seguirá ardiendo mientras haya comensales que entiendan que comer bien es uno de los actos más civilizados del ser humano.
Don Julio permanece como el único restaurante argentino en ingresar al ranking, pero esa soledad no es una carga sino una responsabilidad: la de representar dignamente a una tradición culinaria que trasciende lo gastronómico para convertirse en una forma de entender la vida. En cada corte perfectamente cocido, en cada botella de Malbec servida con ceremonia, en cada sonrisa de bienvenida, Don Julio no solo alimenta cuerpos sino que nutre almas.
La gastronomía mundial tiene hoy un nuevo rey en Maido, pero también tiene un embajador eterno en Don Julio: el guardián del fuego sagrado de la parrilla argentina, el lugar donde el tiempo se detiene y los sabores hablan de la eternidad de las cosas bien hechas. En un mundo acelerado y cambiante, Don Julio nos recuerda que algunas tradiciones son demasiado preciosas para perderse, demasiado esenciales para ser olvidadas.
Y mientras las brasas sigan ardiendo en esa parrilla en forma de V, mientras los comensales sigan escribiendo sus historias en botellas vacías, mientras Pablo Rivero siga seleccionando cada corte con la devoción de un artista, Don Julio seguirá siendo más que un restaurante: será un templo donde se celebra la capacidad humana de transformar lo simple en sublime, lo ordinario en extraordinario, la carne en poesía.
En la cocina del mundo, Argentina tiene un asiento en la mesa de los grandes. Y ese asiento tiene un nombre: Don Julio.
Información práctica:
Don Julio
Dirección: Guatemala 4691 (esquina Gurruchaga), Palermo Viejo, Buenos Aires
Teléfono: +54 11 4831 9564
Horarios: 11:30 a 16:00 y 19:00 a 01:00 (todos los días)
Reservas: http://www.parrilladonjulio.com (se recomienda reservar con 3 meses de anticipación)
Lista de espera: Se abre diariamente a las 18:00 para comensales sin reserva
Precio promedio: $120 USD por persona para una experiencia completa
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