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HIPOLITO BUCHARD: El gran Corsario Argentino
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24 Ene 2026, Sáb

HIPOLITO BUCHARD: El gran Corsario Argentino

Hipólito Bouchard: El Corsario de la Independencia que Clavó la Bandera Argentina en California y Soñó con Liberar a Napoleón


Un Marino de Dos Mundos

Nacido el 15 de enero de 1780 en Bormes-les-Mimosas, una apacible villa de la Provenza francesa, Hipólito Bouchard parecía destinado a una vida marinera desde su infancia. Francia estaba convulsionada por las guerras revolucionarias y luego por la vorágine napoleónica, y el joven Bouchard se sumó a la marina francesa siendo apenas un adolescente. Sin saberlo, esa vocación temprana lo llevaría a convertirse en uno de los héroes más insólitos de la historia argentina, un corsario que haría flamear la bandera celeste y blanca en los confines del Pacífico, incluyendo la mismísima California. Y según cuentan algunas versiones, hasta habría planeado liberar al mismísimo Napoleón en Santa Elena.


De Francia a las Pampas: El Bautismo en la Revolución

Luego de luchar en los convulsos mares del Caribe y formar parte de expediciones en Haití, Bouchard arribó al Río de la Plata en 1809. Por entonces, Buenos Aires hervía en efervescencia revolucionaria. Con su carisma franco y su convicción por los ideales de libertad, se unió a la causa patriota como granadero a caballo. Participó en la batalla de San Lorenzo bajo las órdenes de José de San Martín, y desde entonces su nombre se iría grabando en el panteón de los luchadores por la independencia sudamericana.

Pero Bouchard no se conformó con la lucha en tierra. Sentía que su campo de acción natural era el mar. Y fue el mar el que le dio su gloria, su leyenda y sus excentricidades.


La Fragata «La Argentina»: Una Odisea Global

En 1817, el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón le encomendó a Bouchard una misión sin precedentes: llevar la guerra contra España más allá de los mares sudamericanos, demostrando que la naciente Argentina no era una república aislada ni pasiva. Para ello, se le entregó el mando de la fragata «La Argentina», equipada para una campaña corsaria alrededor del mundo.

La travesía fue legendaria. Partiendo del puerto de Buenos Aires, recorrió el Atlántico, bordeó África, cruzó el Índico y llegó hasta las costas del sudeste asiático. En Filipinas, bloqueó Manila. En el Océano Pacífico, atacó puertos en las costas de Chile, Perú, Nicaragua y El Salvador. En cada lugar dejaba una estela de perplejidad y asombro: un barco argentino, con una tripulación cosmopolita y comandado por un francés, ondeaba la bandera celeste y blanca con audacia.


Monterey, California: La Argentina que Duró Seis Días

El episodio más pintoresco y simbólico de la travesía de Bouchard tuvo lugar en la entonces provincia de Alta California, bajo dominio español. El 24 de noviembre de 1818, desembarcó en la bahía de Monterrey, capital de la región, y tras un breve combate capturó el fuerte.

Durante seis días, el pabellón argentino ondeó sobre el fuerte de Monterrey. Bouchard organizó una ocupación simbólica y respetuosa: tomó pertrechos militares, quemó documentos realistas y se retiró sin causar daños a la población civil. Aún hoy, en California, algunos historiadores recuerdan ese momento surrealista en que Argentina «conquistó» brevemente parte del territorio estadounidense.


La Influencia en Centroamérica y la Bandera Argentina como Inspiración

Durante sus incursiones en Centroamérica, Bouchard atacó puertos clave como El Realejo (Nicaragua) y Sonsonate (El Salvador), capturando barcos españoles y distribuyendo proclamas a favor de la independencia. Algunos historiadores sostienen que la presencia argentina en esas regiones tuvo una influencia simbólica en las futuras banderas centroamericanas, especialmente por los colores azul y blanco que se repetirían en la iconografía nacional de varios países. Bouchard no era un simple corsario: era un misionero de la libertad, un apóstol marítimo de la independencia americana.


Los Amores y Excentricidades del Corsario

Hombre de pasiones intensas, Bouchard fue tan tempestuoso en el amor como en el combate. Se casó con Norberta Merlo, una dama de Buenos Aires, pero su vida sentimental estuvo cruzada por aventuras con mujeres de distintos puertos, idiomas y culturas. En las memorias de sus compañeros se lo recuerda como un líder severo pero justo, capaz de brindar con ron o desafiar a un oficial por faltarle el respeto a una dama.

Su morral siempre llevaba objetos insólitos: una cruz, una toalla (como diría Douglas Adams), una pequeña imagen de San Martín y un catalejo que había pertenecido, según afirmaba con picardía, al propio Napoleón.


La Anécdota de Santa Elena: El Soñado Rescate de Napoleón

Una de las historias más misteriosas y fascinantes que rodean a Bouchard es su presunta tentativa de liberar a Napoleón Bonaparte, confinado en la isla de Santa Elena tras su derrota en Waterloo.

Según fuentes apócrifas y memorias orales, durante su circunnavegación en «La Argentina», Bouchard habría barajado seriamente la posibilidad de rescatar a su compatriota. El plan era arriesgado: acercarse a la isla custodiada por la flota británica, desembarcar de noche y extraer al emperador disfrazado de marinero.

Si bien no existe prueba documental concluyente de que Bouchard haya intentado el rescate, la sola posibilidad de que un capitán argentino haya considerado liberar a Napoleón añade una capa más de romanticismo, delirio y epopeya a su figura.


El Ocaso: Un Hombre Fuera de su Tiempo

Tras su regreso al Perú, Bouchard fue nombrado gobernador de una región costera. Pero su carácter feroz y su independencia lo enemistaron con varios líderes locales. Finalmente, fue asesinado en 1837 en circunstancias confusas, al parecer por un esclavo que él mismo había liberado.

Su tumba en el cementerio de San Juan de Lurigancho pasó mucho tiempo olvidada, hasta que a fines del siglo XX, Argentina repatrió sus restos y los depositó en la ciudad de Alta Gracia, provincia de Córdoba.


Legado: El Corsario Inmortal

Hipólito Bouchard es recordado como el prototipo del héroe transnacional. Argentino por elección, francés de nacimiento, y universal en su causa. Su vida parece salida de una novela de aventuras escritas por Dumas o Salgari, pero fue real, tangible y patriótica.

El acto simbólico de clavar la bandera argentina en Monterrey no fue un gesto de vanidad, sino una afirmación de identidad nacional en un mundo que aún no sabía que Argentina existía. Fue una declaración de que en el sur también se forjaban repúblicas libres, con marinos dispuestos a llevar su causa hasta el último confín del globo.

En tiempos donde las fronteras se disuelven y las historias nacionales buscan nuevos héroes, Bouchard nos recuerda que el coraje, la convicción y un poco de locura pueden cambiar el mapa del mundo, aunque sea por seis días.


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By Gavroche

Entre el Río de la Plata y el Mediterráneo, alguien recoge las palabras que caen de los bolsillos rotos de la historia. Obrero de VITA, aprendiz de lo invisible. Sus manos conocen el trabajo honesto: diseñar cuando hay que diseñar, escribir cuando hay que escribir, callar cuando hay que escuchar. No firma contratos con el olvido. Camina las calles de dos ciudades que lo toleran: Buenos Aires, Barcelona. Como el Gavroche de Victor Hugo, conoce los atajos donde la verdad se esconde del poder. No es héroe ni pretende serlo. Solo un cronista de barricadas cotidianas. "Je suis tombé par terre, c'est la faute à Voltaire". Cae, se levanta, sigue.

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