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MORIR DE DESIDIA: Cronica de una muerte anunciada en Mar del Plata
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9 Jun 2026, Mar

MORIR DE DESIDIA: Cronica de una muerte anunciada en Mar del Plata

Editorial

¿Quién cuida a los que no tienen a nadie?

Héctor Cabello tenía 52 años cuando fue hallado sin vida en la madrugada del martes, en la intersección de Rivadavia y 14 de Julio, pleno centro de Mar del Plata. Su cuerpo apareció sobre el asfalto de una ciudad que esa noche registraba temperaturas bajo cero. La vecina que le había dado resguardo en su garaje días antes, afirmó al medio C5N que Héctor había sido golpeado por agentes de la Patrulla Municipal, y desde entonces sufría convulsiones. También habría perdido, en ese mismo hecho, sus escasas pertenencias, su abrigo y su comida.

Si esto se confirma, no estaríamos simplemente ante una muerte por frío, sino frente a un caso grave de desprotección institucional. Una ciudad no puede desentenderse así de quienes duermen en sus calles.

La cadena de la desidia

El caso de Héctor no sería el primero. En julio del año pasado, Gustavo, de 44 años, murió por hipotermia en Plaza Rocha, a pocos metros de donde funcionaba el “Operativo Frío” municipal. En 2022, Fabián, un cuidacoches, fue encontrado en estado de confusión y desorientación por hipotermia, y falleció poco después. Las condiciones se repiten: inviernos crudos, abandono estatal y, en más de un caso, denuncias previas de hostigamiento.

Tres hombres. Tres inviernos. Tres muertes. ¿Podemos seguir viendo esto como episodios aislados?

La denuncia de la Comisión por la Memoria

La Comisión Provincial por la Memoria (CPM) viene advirtiendo hace tiempo sobre un patrón preocupante: el accionar de la Patrulla Municipal, cuerpo que depende de la Secretaría de Seguridad de la gestión de Guillermo Montenegro, y que ha sido señalado en diversos informes por ejercer funciones que excederían sus atribuciones legales: cacheos, detenciones informales, secuestro de pertenencias, incluso uso de armas menos letales, algo vedado por normativa provincial.

En los informes de la CPM abundan los testimonios anónimos que describen operativos nocturnos en los que agentes encapuchados, sin identificación, habrían intimidado y golpeado a personas en situación de calle. De probarse estos hechos, estaríamos ante un accionar incompatible con un Estado de derecho.

La CPM ha presentado denuncias penales, habeas corpus preventivos y ha pedido que se investigue formalmente la legalidad de estos procedimientos.

Lo público que se reprime, lo privado que se tolera

Mientras personas sin techo son desplazadas con violencia de las playas y espacios públicos, los concesionarios privados instalan carpas, bares y estructuras comerciales sobre los mismos terrenos. Es inevitable preguntarse: ¿por qué se reprime al vulnerable y se tolera al poderoso?

La disputa por el espacio público en Mar del Plata no es nueva, pero sí parece haber alcanzado un punto alarmante de desequilibrio. Las playas, que son bienes públicos, se ven cada vez más invadidas por negocios, mientras se expulsa a quienes solo buscan pasar la noche bajo techo.

Mar del Plata: entre el olvido y la postal

Montenegro ha buscado posicionar a Mar del Plata como una ciudad “segura”, “moderna” y “turística”. Pero detrás de esa postal, la realidad muestra otra cara: falta de inversión estructural, altas tasas de desempleo, informalidad laboral creciente, servicios públicos degradados y un tejido social profundamente fragmentado.

La ciudad, que alguna vez supo ser faro cultural, deportivo y artístico del país, hoy parece navegar entre el olvido estatal y el marketing de temporada.

Las palabras y los gestos del intendente

Frente a las múltiples denuncias, el propio Montenegro ha afirmado públicamente que “no le importan la cantidad de denuncias que hagan” y que él es “el responsable” de la Patrulla Municipal. Si bien ese gesto puede interpretarse como un acto de liderazgo, también plantea interrogantes sobre los límites de la responsabilidad política y el compromiso con los derechos humanos.

No se trata solo de responder con firmeza, sino también de garantizar que esa firmeza no devenga en abuso. La legalidad, la proporcionalidad y la humanidad deben ser el norte de toda política pública, incluso (y sobre todo) en seguridad.

¿Un cuerpo parapolicial?

Organismos como el que encabeza el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, y entidades como la Asociación Pensamiento Penal o la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, han alertado sobre el carácter casi “parapolicial” de este cuerpo municipal. Si bien esta expresión puede resultar fuerte, apunta a un fenómeno que merece ser investigado: ¿hay un grupo actuando con autonomía dentro del Estado, sin control judicial ni límites legales claros?

Si así fuera, no estaríamos solo ante un problema de gestión, sino ante una deriva institucional preocupante.

¿Quién protege a los que no tienen a nadie?

La muerte de Héctor Cabello nos obliga a mirar de frente una realidad que muchos prefieren ignorar. No puede naturalizarse que vivir en la calle sea una condena, ni que el Estado se desentienda o, peor aún, sea parte del problema.

La responsabilidad del intendente Guillermo Montenegro no puede reducirse a una firma. Es una responsabilidad política, institucional y ética.

Y aunque la justicia debe establecer con precisión los hechos, las muertes se acumulan, los testimonios se repiten y el patrón comienza a dibujarse con trazo grueso.

Mar del Plata necesita, más que nunca, un Estado que cuide. Que no golpee, que no persiga, que no estigmatice. Un Estado que abrace en lugar de expulsar.

Porque, al final del día, ninguna ciudad puede llamarse libre si castiga a sus pobres y protege a sus negocios.


 


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By Gavroche

Entre el Río de la Plata y el Mediterráneo, alguien recoge las palabras que caen de los bolsillos rotos de la historia. Obrero de VITA, aprendiz de lo invisible. Sus manos conocen el trabajo honesto: diseñar cuando hay que diseñar, escribir cuando hay que escribir, callar cuando hay que escuchar. No firma contratos con el olvido. Camina las calles de dos ciudades que lo toleran: Buenos Aires, Barcelona. Como el Gavroche de Victor Hugo, conoce los atajos donde la verdad se esconde del poder. No es héroe ni pretende serlo. Solo un cronista de barricadas cotidianas. "Je suis tombé par terre, c'est la faute à Voltaire". Cae, se levanta, sigue.

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