Entre el Río de la Plata y el Mediterráneo, alguien recoge las palabras que caen de los bolsillos rotos de la historia. Obrero de VITA, aprendiz de lo invisible. Sus manos conocen el trabajo honesto: diseñar cuando hay que diseñar, escribir cuando hay que escribir, callar cuando hay que escuchar. No firma contratos con el olvido. Camina las calles de dos ciudades que lo toleran: Buenos Aires, Barcelona.
Como el Gavroche de Victor Hugo, conoce los atajos donde la verdad se esconde del poder. No es héroe ni pretende serlo. Solo un cronista de barricadas cotidianas.
"Je suis tombé par terre, c'est la faute à Voltaire". Cae, se levanta, sigue.